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Dios es uno, no tres

Introducción

"Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren." (Juan 4:23)

Estas palabras de Cristo constituyen un reto. Declaran que Dios se complace solamente en la adoración de aquellos que se le acercan "en espíritu y en verdad." Implican que los verdaderos adoradores son únicamente los que están dispuestos a buscar la verdad de Dios, a fin de convertirla en el fundamento de su vida espiritual.  

Muchos reconocerán el derecho de Dios de dictar las condiciones de la adoración. Aun las autoridades humanas hacen lo mismo con respecto a sí mismas. Nadie pensaría acercarse a un monarca terrenal sin respetar las convenciones requeridas, y si no las conociera, daría los pasos necesarios para averiguarlas.  

¿Se tratará con menos respeto a Dios, quien es más alto que cualquier monarca terrenal?  

¡De ningún modo! Las palabras de Cristo, citadas anteriormente, revelan que Dios desea que los verdaderos adoradores vengan a un correcto conocimiento de El como una base para una adoración aceptable. Esto impone una solemne responsabilidad sobre el que desea agradarlo, es decir, la de buscar cuidadosamente la revelación que El ha dado de sí mismo (la Biblia) si su deseo es conocerlo.  

Pero algunos preguntarán: Si nuestras intenciones son correctas, ¿pueden tener importancia simples términos doctrinales?  

La mayoría contestaría negativamente. Pero las palabras de Cristo revelan que la verdad doctrinal es vital para la salvación. Después de todo, ¿puede uno adorar a Dios si carece del entendimiento básico de su esencia divina? No. No puede haber componenda ni concesiones en este tema tan importante. Dios se ha revelado a sí mismo y ha revelado su propósito en la Biblia, y es nuestro deber y privilegio escudriñar ese maravilloso libro para conocer al Dios a quien adoramos. Rechazar la Biblia convertiría nuestra adoración en vana e inútil.  

Un conocimiento correcto de Dios es esencial para la salvación

En varias ocasiones, Cristo reveló que la salvación depende del correcto entendimiento de la verdad divina (Marcos 16:16; Romanos 1:16; 1 Corintios 15:2,3; etc.). Orando al Padre, declaró:  

"Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado." (Juan 17:3)  

¿Hasta qué grado conocemos a Dios? ¿Concuerda nuestro entendimiento con la verdad bíblica?  

Dos ideas opuestas respecto de Dios son enseñadas en la cristiandad. La mayoría de iglesias enseñan que El es un ser trino, constituido por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: uno aunque tres, iguales en conocimiento, poder y esencia, desde la eternidad y hasta la eternidad.  

Por otra parte, los cristadelfianos enseñan que la doctrina de la Trinidad es falsa; que Dios es uno y solo; que Jesucristo es Su Hijo, nacido hace 1900 años, antes de lo cual no tenía existencia personal; y que el Espíritu Santo es el poder de Dios.  

Ambas doctrinas no pueden ser correctas al mismo tiempo, y a la luz de las declaraciones del Señor, expuestas anteriormente, aquellos que están en error no están en el camino de la vida eterna, no importa cuán sinceros sean.  

Esta es una afirmación muy seria, y a muchos no les agradará que lo digamos en forma tan cortante. En realidad, muchos consideran indigna cualquier discusión acerca de Dios. Creen que es innecesaria y prefieren dejar tales problemas a los teólogos, a quienes consideran profesionalmente preparados para resolverlos.  

Pero si las palabras de Cristo significan algo, enseñan que la salvación eterna está condicionada a que una persona adore a Dios en verdad. Por consiguiente, el lector debe decidir si su salvación personal vale tanto como para tomarse el trabajo y el tiempo de investigar el asunto.  

La Trinidad es un concepto contradictorio

Muchos sistemas religiosos afirman creer en lo que ellos llaman Trinidad. Exponen la doctrina de que Dios es al mismo tiempo uno y tres, y está compuesto por Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta doctrina no ha sido extraída de la Biblia (donde el término Trinidad jamás aparece), sino de lo que se conoce como el Credo de Atanasio, que fue presentado por Atanasio, Obispo de Alejandría, en el siglo cuarto después de Cristo. En él se define la divinidad como sigue:  

"El Padre es Dios, El Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios. Aun así no son tres Dioses, sino un Dios."  

La Trinidad es además definida así:

"Solamente hay un Dios viviente, verdadero y eterno; sin cuerpo, partes o pasiones; de infinito poder, sabiduría y bondad; El Hacedor y Preservador de todas las cosas, tanto visibles como invisibles. En la unidad de esta Divinidad existen tres personas, de una substancia, poder y eternidad: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo."  

Un análisis cuidadoso de esa definición revelará contradicción y confusión.  

Por ejemplo, ¿cómo puede un solo Dios ser tres personas? ¿Como pudo ser engendrado el Hijo (Salmos 2:7) y aún existir desde la eternidad?  

En pocas palabras, creer en lo que la mayoría de las iglesias enseñan acerca de la divinidad, es creer en una contradicción imposible.  

Pablo enseñó que "Dios no es Dios de confusión" (1 Corintios 14:33); pero la doctrina que enseña que Dios es al mismo tiempo uno y tres es un obvio error de confusión.  

Compruébelo usted mismo. Pregunte a cualquier clérigo cómo Dios puede ser al mismo tiempo tres y uno; cómo puede ser "sin cuerpo, partes y pasiones," y sin embargo ser "una substancia"; cómo el Hijo puede existir desde toda la eternidad, y aun así, al mismo tiempo, ser "el unigénito hijo de Dios" (Juan 1:18).  

Le responderá que es un "misterio" más allá del alcance del entendimiento de la humanidad. A lo mejor le amonestará que no se preocupe de asuntos tan insignificantes.  

Sin embargo la doctrina de la Trinidad es parte de la fe de la mayoría de las iglesias, acerca de la cual declara el Libro de Oraciones de la Iglesia de Inglaterra: "A menos que cada uno la mantenga completa y sin mancha, sin duda perecerá eternamente."  

El Dios que revela la Biblia

Hemos visto que la doctrina de la trinidad es contradictoria, incomprensible y antibíblica. ¿Cuál es la alternativa?  

La enseñanza bíblica es que Dios es uno; Jesucristo es el Hijo de Dios, la manifestación del Padre; el Espíritu Santo es el poder de Dios. Esto es sencillo, comprensible, ordenado y, por sobre todo, completamente bíblico.  

Examine el siguiente resumen, a la luz de los textos bíblicos señalados:  

  1. Un Dios. La suprema y autoexistente Deidad, el solo Padre, que mora en luz inaccesible, y quien de su propia e inderivada energía creó los cielos y la tierra, y todo lo que hay en ellos (Deuteronomio 6:4; Isaías 44:6-8; 45:5; 46:9; Marcos 12:29-32; 1 Corintios 8:4-6; Salmos 124:8; 146:6; 1 Timoteo 6:15,16).
  2. El Hijo de Dios. El Señor Jesucristo, engendrado de María por el Espíritu Santo, sin la intervención del hombre, y posteriormente ungido con el mismo Espíritu en su bautismo, sin medida. Fue llevado a la muerte como una ofrenda por el pecado, levantado de la tumba en el tercer día, con vida eterna, y está esperando actualmente el tiempo en el que ha retornar a la tierra para establecer el reino de Dios (Lucas 1:26-33; Hechos 2: 22-24,36; Gálatas 4:4; Isaías 7:14; Mateo 3:16,17; Juan 3:34; Hebreos 2:14-16; Romanos 1:3; Hebreos 5:8,9; Hechos 1:11; Hechos 3:26).
  3. El Espíritu Santo es el poder de Dios. Por medio de Su Espíritu Dios se da cuenta de lo que sucede en el cielo y en la tierra, y sostiene toda la creación. Los santos hombres de la antigüedad fueron impulsados por el Espíritu a escribir Su revelación (la Biblia), pudiendo también realizar milagros en épocas pasadas (Génesis 1:1,2; Job 26:13; 33:4; Hechos 17:25-28; Nehemías 9:30. Compare Juan 14:26; 15:26; 16:13; Hechos 1:8; 2:1-4 con Marcos 16:17,20 y Lucas 24:49. Vea también Lucas 1:35; Hechos 5:30-32; 2 Pedro 1:19-21).

La Biblia no contiene en ninguno de sus libros la enseñanza de que Dios es un ser trino, o que el Señor Jesucristo es coigual y coeterno con el Padre. En vez de esto, enseña lo contrario.  

Los teólogos admiten que la Biblia no enseña la Trinidad  

De hecho, la palabra Trinidad no se encuentra en la Biblia. Tanto Mosheim, en su Historia de la Iglesia, como Gibbon, en su libro titulado La Declinación y Caída del Imperio Romano (Capítulo 21), reconocen esto.  

Aparentemente, la palabra fue usada por primera vez en una obra apologética de Teófilo, Obispo de Antioquía de Siria, en la segunda mitad del siglo segundo. Sin embargo, la Trinidad de este obispo no era la moderna doctrina de coigualdad, sino más bien, una trinidad de atributos más que de personas, por lo que dice expresamente: "El verdadero Dios (es decir, el Padre) es el único que debe ser adorado."  

No fue sino hasta en el siglo cuarto, en un tiempo de gran apostasía de la fe apostólica pura, que la doctrina de la Trinidad fue realmente introducida. Esto causó una tremenda controversia, debido a que muchos todavía se adherían a la doctrina de un solo Dios. Sin embargo, la nueva doctrina prevaleció gradualmente, y finalmente llegó a ser aceptada como enseñanza cristiana básica, cumpliendo así la profecía de que los líderes religiosos se extraviarían "invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición" (Marcos 7:13; ver también 2 Timoteo 4:3, Hechos 20:29.30).  

Muchos teólogos han sido lo suficientemente francos para admitir que la doctrina no es enseñada en la Biblia, y no puede ser explicada lógicamente. Reconocen que la Trinidad es incomprensible y que sus términos son contradictorios. No pueden explicar cómo un Dios puede ser también tres y viceversa; cómo Dios puede tener sustancia, pero no forma; o cómo el Hijo de Dios puede al mismo tiempo ser uno con su propio Padre.  

La doctrina es confusa, porque no ha sido tomada de la Biblia, sino de la mitología pagana. La Enciclopedia Británica hace el siguiente comentario:  

"Las proposiciones que constituyen el dogma de la Trinidad no fueron tomadas directamente del Nuevo Testamento, y no pueden ser expresadas en términos del Nuevo Testamento. Fueron el producto del razonamiento especulativo sobre la revelación bíblica... Tales ideas se formaron a través de siglos de esfuerzo, elaboradas únicamente con la ayuda de los conceptos y formuladas en términos de la metafísica de los griegos y romanos."  

En pocas palabras, fueron extraídas, no de la Biblia, sino de las religiones paganas.  

Esto es confirmado por una declaración de F. J. Wilkin, Profesor de Teología del Colegio Bautista de Victoria, Australia. En un libro que ataca las enseñanzas cristadelfianas, hace el siguiente comentario revelador:  

"En el Antiguo Testamento fue afirmada con claridad la existencia de un Dios único y solo. El credo judío, repetido actualmente en todas las sinagogas, fue: 'Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es' (Deuteronomio 6:4). Esta era la fe de los primeros cristianos, pues Pablo escribe: 'Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos y en todos" (Efesios 4:6). Pero gradualmente se fueron haciendo necesarias algunas adiciones o modificaciones a este credo. Los cristianos fueron completamente persuadidos de la Deidad de Jesucristo y más tarde de la Deidad del Espíritu Santo, y fueron constreñidos a relacionar estas convicciones con su fe en el Dios único. Durante muchos años fue discutido el problema y se intentaron muchas explicaciones. Una de éstas, expuesta por Sabelio y que llegó a ser muy popular, fue la de que Cristo y el Espíritu Santo fueron sucesivas manifestaciones del ser supremo. Pero finalmente prevaleció la creencia de que las palabras Padre, Hijo y Espíritu Santo declaraban identidades distintas y eternas en la Divinidad. Es decir, que la trinidad de la manifestación revelaba una Trinidad del Ser. En otras palabras, que Cristo y el Espíritu Santo eran coeternos con el Padre. Con la excepción de los unitarios, ésta es la creencia de la cristiandad actual... Sin embargo, el cristadelfianismo niega la Trinidad... Esta negación constituye un reto para todas las iglesias cristianas" (tomado del libro Cristadelphianism (Cristadelfianismo), publicado por The Australian Baptist, Victoria, Australia).

Esta afirmación asombra por su franqueza. Confiesa que la doctrina de la Trinidad no ha de buscarse en la Biblia; que difiere de la enseñanza de los apóstoles, y simplemente fue "adoptada" por la iglesia después de muchos años de discusión, porque sus miembros estaban "completamente persuadidos de la Deidad de Jesucristo y más tarde de la Deidad del Espíritu Santo."  

¿Están dispuestos los adoradores sinceros a arriesgar su eterna salvación poniendo sus esperanzas y estableciendo su adoración sobre tan vagos fundamentos?  

El escritor citado anteriormente acusa a los cristadelfianos de desafiar a "todas las iglesias cristianas" cuando refutan la doctrina de la Trinidad.  

Sin embargo, poniendo su confianza en la Biblia, los cristadelfianos gustosamente recogen el guante y aceptan el desafío.  

Lo hacen tomando en cuenta la importancia de la doctrina tal como fue afirmada por el Señor mismo y la predicción de Pablo. Cristo enseñó: "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3). El apóstol Pablo previene: "Vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias" (2 Timoteo 4:3).  

El lector debe a Dios y a sí mismo el buscar la verdad del asunto. Recuerde que Cristo enseñó: "Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren" (Juan 4:23).  

Jesucristo refuta el trinitarianismo

El extracto que citamos de la Enciclopedia Británica, afirma que el dogma de la Trinidad "fue elaborado con ayuda de los conceptos, y formulado en términos de la metafísica de los griegos y romanos."  

Esto significa que se derivó del paganismo.

El testimonio es real. El concepto trinitario es encontrado en forma similar en la mitología pagana de Roma, Grecia, Babilonia y Egipto; pero no en la Biblia.  

Frente a esta doctrina resuena la firme proclamación de Dios:  

"Oye Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" (Deuteronomio 6:4).  

El monoteísmo de los hebreos era una característica distintiva en un mundo pagano y politeísta.

De la misma manera, las enseñanzas cristadelfianas actuales desafían el trinitarianismo de todas las sectas e iglesias.  

¿Pretende el Sr. Wilkin en su declaración que Dios se equivocó en su proclamación, y que los teólogos del siglo cuarto de esta era sabían más que Moisés, Pablo, Jesucristo, o Dios mismo acerca de este asunto?  

Jesús confirmó su fe en un Dios. Cuando se le preguntó sobre el más grande mandamiento, el Señor respondió:  

"Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón..." (Marcos 12: 29,30).  

Un escriba judío, hombre que creía firmemente en el Dios único y solo, y quien con seguridad habría rechazado el trinitarianismo como paganismo, habiendo oído la confesión de fe del Señor, comentó: "Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; y el amarle con todo el corazón... es más que todos los holocaustos y sacrificios" (Marcos 12:32,33).  

Esta respuesta agradó al Señor Jesús. El escriba había confesado creer en el único y verdadero Dios y había reconocido que los adoradores debían servirlo amorosamente más allá del simple formalismo de la ley de Moisés. Este hombre había entendido más que muchos de los que el Señor conocía. Jesús le dijo:  

"No estás lejos del reino de Dios" (Marcos 12:34).  

¿Qué más necesitaba aquel escriba judío para estar seguro de heredar el reino? El Señor expresó lo que era necesario en su oración, a la que ya hemos hecho referencia:  

"Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3).  

El escriba sabía quién era el único y verdadero Dios; todavía tenía que abrazar los principios salvadores del nombre de Jesucristo como propiciación por los pecados mediante la fe y el bautismo en Cristo (Hechos 2:38).  

Desafortunadamente, las iglesias conocidas, con su enseñanza de un Dios trino, rechazan el concepto de la Divinidad a la que el escriba judío hacía referencia; por consiguiente, están lejos del reino de Dios.  

Lea cuidadosamente el relato de la discusión de Cristo con el escriba en Marcos 12:28-34, y pregúntese: ¿Se habrá retirado de la presencia del Señor Jesucristo creyendo que éste era la segunda persona de un Dios trino?  

¡No! Y su declaración de fe ganó la aprobación del Señor, quien le dijo: "No estás lejos del reino de Dios."  

¡Qué lástima que los teólogos hagan un misterio de la Divinidad, confundiendo lo que es claro y simple, insistiendo en contra de las enseñanzas de la Biblia, que Dios es tres!  

Es una lástima que, aunque aparentemente sinceros y bienintencionados, se hayan apartado de las enseñanzas de los apóstoles, tal como Pablo predijo que ocurriría: "El espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe..." (1 Timoteo 4:1).  

Enseñanzas apostólicas acerca de Dios

La proclamación de Dios por medio de Moisés y la confirmación de esta enseñanza por el Señor Jesús, es el fundamento de toda la doctrina apostólica en lo que se refiere a la Divinidad. He aquí algunas de sus enseñanzas demostrando esta posición:  

"Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas...y un Señor, Jesucristo... Pero no en todos hay este conocimiento" (1 Corintios 8:6,7).  

"Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Timoteo 2:5).  

"Un Dios y Padre de todos" (Efesios 4:6).  

"Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él" (Hechos 2:22).  

"Vosotros sabéis...cómo Dios ungió con el Espíritu santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él" (Hechos 10:37,38).  

Estas afirmaciones respaldan firmemente la proclamación de Dios por medio de Moisés. Se refieren a Dios como uno solo, el Padre, y hablan del Señor Jesucristo como su Hijo unigénito, nacido de María por el poder del Espíritu Santo que es el poder de Dios. No proporcionan el más mínimo apoyo para la doctrina de la Trinidad; por el contrario, sus enseñanzas representan un rechazo contundente de tal idea.  

Reconociendo que Dios busca quiénes le adoren en verdad (Juan 4:23), por respeto a Sus enseñanzas y amor a Su persona, investiguemos con mansedumbre la verdad de esta doctrina, a fin de que podamos rendirle el honor debido a Su santo nombre.

El Hijo es divino pero no coeterno con el Padre

Algunas veces se dice que los cristadelfianos rechazan la divinidad del Señor Jesús. Eso no es cierto. Los cristadelfianos repudian la doctrina de la Trinidad por ser contraria a las Escrituras. Pero jamás se sitúan en el extremo opuesto del unitarianismo, que ve a Jesús como nada más que un "simple hombre," hijo de un padre terrenal.  

Había algo más que un simple hombre en aquel que, bajo tales provocaciones como las que tuvo que soportar, exhibiera el maravilloso dominio propio, el magnífico carácter y la vida sin pecado que el Señor mostró.  

Algo más que un simple hombre cualquiera se revela en la forma en que fue engendrado el Señor, y la forma en que fue ungido con el Espíritu Santo sin medida (Juan 3:34).  

Pablo enseñó que "Dios estaba en Cristo" reconciliando al mundo consigo mismo (2 Corintios 5:19). Jesús fue la manifestación de Dios, tal como él mismo testificó (Juan 6:62,63). En cuanto a su naturaleza, Jesús era semejante a toda la humanidad (Hebreos 2:14), "tentado en todo según nuestra semejanza" (4:15); pero en su origen y carácter era divino, siendo ésta su diferencia con toda la humanidad anterior y posterior a él.  

En su Declaración de la verdad revelada en la Biblia, los cristadelfianos presentan la verdadera doctrina en los siguientes términos:  

"Jesucristo, el Hijo de Dios, no es la 'segunda persona' de una Trinidad eterna, sino la manifestación de un Creador eterno 'el cual es sobre todos, y por todos, y en todos' (Efesios 4:6) y 'de él, y por él, y para él son todas las cosas' Romanos 11:36). Por medio de su espíritu este Creador engendró a Jesús, quien, por consiguiente, fue Su Hijo. Por el mismo poder lo ungió, moró en él y habló a Israel por su medio (Hebreos 1:1). Por consiguiente, en los días de su debilidad, Jesucristo debe ser considerado desde dos puntos de vista: DEIDAD y HUMANIDAD. El hombre fue el Hijo, cuya existencia comienza con el nacimiento de Jesús; la deidad que moraba en él era el Padre, quien no teniendo comienzo de días, es el único eternamente preexistente. La relación de Dios con el Hijo fue ilustrado en el suceso relatado en Lucas 1:35 por medio del cual fue establecido lo que Pablo llama 'el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria' (1 Timoteo 3:16)."  

Jesús fue "nacido de mujer y nacido bajo la ley" (Gálatas 4:4) y, por consiguiente, fue idéntico en naturaleza "a sus hermanos" (Hebreos 2:17).  

Pero él también fue engendrado "no de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios" (Juan 1:13). El Espíritu Santo vino sobre María, y por este medio milagroso nació el Hijo de Dios (Lucas 1:35). Después de su nacimiento, fue ungido con el Espíritu Santo sin medida (Juan 3:14), de modo que Dios dirigía su desarrollo.  

Todo esto fue con el propósito de salvar a los que aceptarían la ayuda divina. Cristo señaló el camino a la vida eterna para los tales. Así como él fue fortalecido por Dios para vencer, así también los creyentes pueden ser fortalecidos (Filipenses 4:13). Así como él fue crucificado, también ellos deben aprender a negar la carne para servir a Dios en verdad (Gálatas 5:24).  

Las mismas expresiones que usaba Cristo constantemente, muestran que no pretendía ser Dios. En cierta ocasión dijo, orando: "No se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22:42). También dijo a sus discípulos: "Mi doctrina no es mía, sino de aquél que me envió" (Juan 7:16). Si él hubiera pretendido ser igual a Dios, no habría usado tales expresiones, sino que habría afirmado que la voluntad y enseñanza del Padre provenían igualmente de sí mismo. Al contrario, él enseñó: "No puedo yo hacer nada por mí mismo" (Juan 5:30) y "el Padre mayor es que yo" (Juan 14:28).  

Es cierto que Jesucristo, como la manifestación de Dios y dedicado completamente a realizar la voluntad y propósito del Padre, podía decir: "Yo y el Padre uno somos" (Juan 10:30). Sin embargo, esta declaración es erróneamente interpretada como una pretensión de igualdad con Dios. Los que así piensan olvidan el hecho de que lo que Jesús afirmaba acerca de sí mismo, también lo afirmaba de sus discípulos. En Juan 17:21, oraba: "Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros." ¡Si la primera declaración implica la igualdad del Hijo con el Padre, la última incluye a todos los creyentes!  

Pablo enseñaba que los creyentes eran "herederos de Dios y coherederos con Cristo" (Romanos 8:17). Pero si Jesús fuera verdadero Dios, ¿cómo podría decirse que nosotros somos "coherederos" de Dios con él? Sería completamente contradictorio. Considere también la declaración de Hebreos 2:10,11:  

"Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos."  

Jesús llama a los redimidos "hermanos," porque tanto ellos como él deberán su glorificación al Padre. Pero si Jesús fuese Dios, ¿cómo podría hablar de ese modo de los redimidos? ¡Eso los convertiría también en parte de la Divinidad!  

Cristo Jesús: un hombre  

Por consiguiente, la Biblia no presenta al Señor Jesús como la segunda persona de la Divinidad. Al contrario, lo representa como el hombre ideal. Se refiere a él como el "hombre Jesucristo" (Juan 8:40; Romanos 5:15; 1 Corintios 15:21; 1 Timoteo 2:5); profeta como Moisés (Deuteronomio 18:15,18; Hechos 3:22; Mateo 21:11); "nacido de mujer" (Gálatas 4:4); "tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (Hebreos 4:15); padeciendo para aprender obediencia (Hebreos 5:8); "ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente" (Hebreos 5:7).  

¿Cómo podrían estos términos describir a Dios? ¡Sería imposible! Por ejemplo, la Biblia enseña que Dios no puede ser tentado (Santiago 1:13); sin embargo, Jesús estuvo sujeto a tentación. La Biblia enseña que Dios no puede morir (1 Timoteo 6:17); pero Jesús murió. La Biblia también enseña que Jesús ofreció oraciones a Dios; ¿se las habrá ofrecido a sí mismo?  

Por otra parte, el Señor no pretendió igualdad con Dios. Cuando los discípulos le pidieron información sobre determinado tiempo, les declaró:  

"De aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre" (Marcos 13:32).  

En esta afirmación, el Señor reconoce su conocimiento limitado. ¿Cómo sería eso posible si él fuera Dios? Algunos razonan que él estaba hablando desde su posición de humano, la cual había adoptado para el propósito de salvar a la humanidad; pero no hay evidencia bíblica para tal teoría. Además, si esta fuera verdadera, él debería haber recuperado todo conocimiento cuando ascendió al cielo; sin embargo en Apocalipsis 1:1 enseña lo contrario. Sostiene que la revelación fue conocimiento nuevo "que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto."

Si fue necesario que Dios le diera la revelación al Señor, es obvio que éste no poseía igualdad de conocimiento con el Padre, sino que aún estaba subordinado a El. En realidad, Cristo mismo enseñó a sus discípulos que tal era la situación cuando no pudo contestar las preguntas que le hicieron sobre asuntos cuyo conocimiento el Padre retenía bajo Su poder (Hechos 1:7).

La Biblia utiliza términos para describir a Jesús que serían incongruentes si él fuera Dios. Lo describe como cansado (Juan 4:6), llorando (Juan 11:35), suplicando fortaleza (Hebreos 5:7), poseyendo una naturaleza sujeta a muerte y común a toda la humanidad (Hebreos 2:14), necesitando redención (Hebreos 9:12; 13:20), "combatiendo contra el pecado" (Hebreos 12:4), sobreponiéndose a la carne (Juan 6:63).

La Biblia enseña que "Dios estaba en Cristo" (2 Corintios 5:19) fortaleciéndolo (Salmos 80:17; Isaías 11:2,3) y reconciliando consigo al mundo (2 Corintios 5:20). Lo presenta como la expresión del amor del Padre para los que confían en El, puesto que en Jesús provee los medios por los cuales puede venir la redención a la humanidad caída (Juan 3:16).

Debido a su perfecta obediencia, habiendo conquistado completamente la carne, él fue levantado de entre los muertos (Hechos 2:24). Abriendo el camino de la redención por medio del perdón de los pecados, llegó a ser el autor de eterna salvación para todos los que se acercan a Dios en la forma señalada (Hebreos 5:9; Romanos 4:25; Gálatas 3:26-29).

Si Jesús fuera la segunda persona de un Dios trino, ¿cuál es la razón del solitario clamor que brotó de sus labios durante la agonía del calvario: "Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has desamparado?" (Marcos 15:34).

Si Jesús fuera la segunda persona de una Trinidad, ¿cómo pudo Pablo escribir acerca de él en el momento de su más grande triunfo cuando todos sus enemigos serían aplastados delante de él: "...entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos"? (1 Corintios 15:28).

En esa época cuando el triunfo del Hijo es completo, él todavía estará subordinado al Padre. Este hecho difiere completamente de las enseñanzas de las iglesias de la cristiandad, pero está en total acuerdo con lo presentado en el presente estudio.

Jesús como Dios

El título de Dios es aplicado algunas veces al Señor Jesús. Por ejemplo, el apóstol Tomás había rehusado creer que el Señor había resucitado de los muertos mientras no recibiera una evidencia verdadera. Cuando Jesús apareció delante de él y le mostró las señales en sus manos, exclamó: "¡Señor mío y Dios mío!"  

¿Que quiso decir?  

Anteriormente, los apóstoles habían pedido a Jesús que les enseñara al Padre y él había contestado: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14:8). Ellos vieron al Padre en Jesús, porque, como más tarde lo dijera, él Lo había manifestado a sus apóstoles (Juan 17:6,26).  

Ahora la gloriosa verdad de que el que los apóstoles habían seguido fielmente era la manifestación de Dios, iluminó a Tomás haciéndolo proferir las palabras: "¡Señor mío y Dios mío!"  

¿Habrá querido decir que Jesús era la segunda persona de la Deidad? No. Tal lenguaje como el que Tomás usó es frecuentemente aplicado en toda la Escritura a los que ejercen la autoridad de Dios, refiriéndose a su posición como Sus representantes.  

Esto podría parecer confuso; pero, de hecho, es una forma de expresión de uso común.  

Por ejemplo, un empleado va en nombre del que lo emplea y realiza negocios en su nombre con plena autoridad para hacerlo. El representante de una firma funde su individualidad dentro del nombre de la compañía que representa. Su nombre puede ser Alvarez, pero en negocios oficiales él puede ser descrito como "Samayoa y Cía." sin ninguna confusión.  

Esto también es cierto respecto de los agentes usados por Dios, tal como Jesús recordó a los judíos cuando lo retaron. Ellos habían dicho: "Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente" (Juan 10:24). En respuesta, Jesús señaló los milagros y obras que había realizado, diciendo: "Ellas dan testimonio de mí." Fue entonces cuando pronunció aquellas palabras, tan frecuentemente malentendidas: "Yo y el Padre uno somos" (versículo 30). Los judíos, de la misma manera que los trinitarios, las interpretaron incorrectamente. Pensaron que él estaba pretendiendo igualdad con Dios, y no entendieron que sólo estaba proclamándose como la manifestación de Dios (1 Timoteo 3:16). Ellos declararon que había blasfemado: "Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios" (Juan 10:33).  

La respuesta del Señor frente a esta acusación, no solamente muestra que él mismo rechazó el concepto de igualdad con el Padre, sino que también refuta la enseñanza de que cuando el titulo de "Dios" le es aplicado, implica que es "verdadero Dios de verdadero Dios." Jesús replicó: "¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?" (Juan 10:34).  

Esta explicación del Señor demuestra claramente que cuando el título de Dios le es aplicado, no sugiere la igualdad del trinitarianismo, como tampoco lo implica cuando se aplica a "aquellos a quienes vino la palabra de Dios." ¿Quiénes fueron ellos? Fueron los sacerdotes de Israel, quienes derivaban su autoridad de Dios, y juzgaban en Su nombre. Ellos eran Sus representantes en la nación, y por consiguiente eran dioses por representación, porque Dios estaba con ellos cuando juzgaban (2 Crónicas 19:6). Por consiguiente, estar delante de los sacerdotes era equivalente a estar "delante de Jehová" como lo muestra Deuteronomio 19:17.  

En la mayoría de casos, cuando la palabra "Dios" es encontrada en la Biblia traduce la palabra hebrea Elohim, la cual también es traducida "ángeles" (Salmos 8:5) y "jueces" (Exodo 21:6; 22:8,9). En realidad, el acusado era traído delante de los sacerdotes de Israel, quienes juzgaban en nombre de Dios, y a quienes se les reconocía el titulo de Dios porque eran Sus representantes.  

Jesús citó Salmos 82:6 para explicar esto a los judíos. Allí, Dios se dirige a los gobernantes mortales de Israel diciendo: "Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo; pero como hombres moriréis." Estos mortales eran dioses porque eran Sus representantes en la nación. Este salmo demuestra que el título de "Dios" puede aplicarse aun a los mortales cuando les es dada autoridad divina.  

En Zacarías 12:8, el título de Dios es dado a la "casa de David" en la época de la gloria venidera. En Exodo 7:1 es aplicado a Moisés: "Mira, yo te he constituido dios para Faraón." Recibió el título de Dios porque él representaba a Dios delante de Faraón (ver también Exodo 4:16).  

Este uso del título "Dios" demuestra que, aunque es aplicado al Señor Jesús, no lo convierte en parte de ninguna Trinidad, como tampoco era el caso de aquellos sacerdotes y gobernantes de Israel a los cuales les fue aplicado.  

El título divino es frecuentemente usado para referirse a los ángeles como representantes de Dios. En Exodo 23:20,21 leemos: "He aquí yo envío mi ángel delante de ti para que te guarde en el camino...Guárdate delante de él y oye su voz...porque mi nombre está en él." El ángel era el representante de Dios, pero no Dios mismo. Era uno de aquellos mensajeros que fueron enviados como espíritus ministradores a favor del pueblo de Dios.  

Podemos llegar a ser como Dios

Pablo enseñó: "...somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados" (Romanos 8:16,17).  

Considere las siguientes Escrituras que se aplican a los redimidos:  

Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios" (Romanos 5:2).  

"Nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia" (2 Pedro 1:4).  

"Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre" (Hechos 15:14).  

"No ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros" (Juan 17:20,21).  

Estas expresiones testifican del gran poder ofrecido a los creyentes. Ellos pueden alcanzar la "gloria de Dios," "la naturaleza divina," el nombre de Dios y total unidad con Dios. El Señor Jesús alcanzó todo esto, habiéndole sido concedido el nombre de Dios, el cual promete a todos los verdaderos creyentes, quienes son descritos como "herederos de Dios" con él (Romanos 8:17).

Es verdaderamente obvio, por consiguiente, que la mera posesión del nombre de Dios no implica que el portador del nombre sea igual a Dios o forme parte de una Divinidad trina, como lo afirma el concepto trinitario. De otra manera, tendría que encontrarse lugar en tal Trinidad para todos los creyentes que alcancen tan gloriosa esperanza.  

En pocas palabras, la Biblia presenta la esperanza de que así como Jesucristo es ahora glorioso, divino e inmortal, así también llegarán a ser los redimidos. Jesús, como el buen pastor que es, enseñó el camino a través del valle de muerte hacia la gloria futura, y llama a su ovejas a seguir en pos de él (Juan 10). El es siervo de Dios para tal propósito. De esta manera Pedro enseña:  

"El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados" (Hechos 5:30,31).  

Si Jesús fuera verdaderamente Dios, ¿sería alguna exaltación elevarlo a la categoría de Príncipe y Salvador? ¡Por supuesto que no! El mismo hecho de que Pedro enseñe que Jesús fue exaltado a tal estado demuestra conclusivamente que anteriormente tenía una posición inferior.  

Poder de Dios: el Espíritu Santo  

El Espíritu Santo es la energía o poder de Dios por medio del cual toda la creación originalmente llegó a existir, y por medio del cual es mantenida. Mientras Dios mismo se localiza en el cielo, su Espíritu está difundido en toda la creación (Salmos 139:7-12). Esta energía derivada de Dios es el fundamento de toda la creación (Hechos 17:25). En tal sentido, la ciencia actual confirma la Escritura enseñando que la energía es la base de toda la materia.  

Algunas veces el Espíritu es personificado en la Biblia, como en Juan 16:7-8, y esto ha conducido a muchos a creer que es una persona. Sin embargo, personificar cosas intangibles es normal en la Escritura. La sabiduría es representada como una mujer (Proverbios 9:1). El pecado es personificado como un dueño de esclavos (Romanos 6:16) y el Espíritu Santo como un consolador (Juan 14:26), expresando el espíritu de Verdad. De este modo Miqueas declara: "Yo estoy lleno del poder del Espíritu de Jehová"; los profetas fueron impulsados por el Espíritu Santo a escribir las Escrituras (Nehemías 9:20; 2 Pedro 1:21). Dios usó los mismos medios para hablar a Israel por medio de Su Hijo (Hebreos 1:1).  

En la Biblia, el Espíritu Santo nunca es considerado como la tercera persona de un Dios trino, demostrando claramente que la idea de la Trinidad no era reconocida por los primeros creyentes. Esto es demostrado en forma inequívoca por las expresiones de Hechos 19:2,3. Este capítulo describe la ocasión cuando Pablo encontró ciertos discípulos en Efeso y les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo. Los discípulos contestaron: "Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo." ¡Obviamente, ellos nunca oyeron hablar de la doctrina de la Trinidad!  

¡Nada más confuso que el error! ¡Qué sublime simplicidad hay en la verdad!  

Hemos explorado mucho terreno en este pequeño artículo, procurando exponer de la manera más sencilla posible, el más profundo tema de todos. Hemos citado muchos textos de la Escritura, y si el lector los examina con mente imparcial, analizando cuidadosamente sus enseñanzas, estamos seguros de que encontrará una firma exposición a través de toda la Escritura de que Dios es uno y sólo uno.  

El correcto conocimiento de Dios es de enorme importancia. Establece el fundamento de la adoración verdadera, y de él depende la esperanza de vida eterna. Nos capacita para entender al que somos invitados a ver como nuestro Padre espiritual, cuya naturaleza, gloria y nombre somos llamados a manifestar en la era venidera.  


Traducido del inglés por Nehemías Chávez Zelaya